Me gustas más rota que cuando te arreglas.

Me gustas más rota que cuando te arreglas.

lunes, 3 de abril de 2017

A estas alturas...

   Que sí, que estoy loca. Que sí, que soy una rancia. Que no, no sé decir las cosas de otra manera. Y pierdo rápido los nervios. Y me desquicio yo sola. Y los nervios me traicionan. Y me pongo seria y luego me río, y me vuelvo a poner seria otra vez. Soy así. Y quien quiera acercarse a mí tiene que aceptarlo. A veces ni yo misma me entiendo.
   Lo único de lo que estoy segura es de lo que quiero. Tengo las cosas muy claras. Y a estas alturas, no estoy para perder el tiempo. Ni con nadie ni por nadie. Veo en vosotros problemas absurdos. Os ahogáis en un vaso de agua. A veces me gustaría que estuvieseis en mi cabeza un rato para ver lo que se siente. Para ver las soluciones a vuestras tonterías. No quiero que me contéis cosas sin sentido y estúpidas. Que ya tenemos mucha calle. Que no es para tanto. Entiendo que para cada persona su problema es el más grande del mundo, pero una cosa es tener un problema y otra hacer un problema de algo que no lo es. A ver si aprendemos. A ver si nos aclaramos. Que ya es hora de amueblar un poco la cabeza.
   Que sí, que a veces soy demasiado directa. Hay gente que me llama borde y gente que dice que soy tajante. Que me da lo mismo. Dime lo que quieras. Cuando me importe, te aviso.

domingo, 19 de marzo de 2017

Yo creo que no hay nada más bonito que dos personas descubriéndose poco a poco.

   El otro día me estuve planteando cuán importante tiene que ser una persona para mí para escribirle. O qué siento por esa persona... Pensaba que lo tenía claro, pero ya no tanto. Llegué a la conclusión de que debo escribir a o sobre cualquiera que me inspire. Para bien, para mal. Sienta mucho o no sienta nada. Así que allá voy:

  Probablemente nunca leas esto, aunque tampoco pretendo que lo hagas. Llevo días dándome cuenta de cómo gracias a ti (y a tu sonrisa) mi inspiración ha vuelto. Siempre ando pensando en qué te escribiría en ese momento.
  El otro día me hablaste de vicios. Yo sólo podía mirarte. Es lo único que hago a derechas estando contigo: mirarte y sonreír. Tú estuviste argumentando sobre esto y lo otro (lo siento, no me acuerdo) y yo seguía mirándote. Y sonriendo.
 Me preguntas que qué me da miedo y yo te respondo todos los miedos de los que me acuerdo en ese momento. Pero me callo uno. Tú mismo me has dicho que lo peor que puedo hacer es decirte mis miedos. Precisamente por eso no te he dicho todos. Me cuentas historias y me enseñas cosas. Yo de nuevo sólo puedo mirarte y sonreír. Cada vez que tú sonríes (que es casi siempre), mi sonrisa es mucho más grande, no sé cómo lo haces. Cuando menos me lo espero me abrazas y me das un beso en el cuello y otro en la mejilla, me miras y sonríes. Yo ahí no sonrío. Me asusta. Pero te acercas despacio y no puedo evitar besarte, y cuando nos separamos ahí sí sonrío. Aunque cuando me vuelves a abrazar se me vuelve a quitar la sonrisa. Me das la mano y yo jugueteo con tus dedos y tu reloj mientras hablamos de cualquier tontería, y me siento bien. Haces que dentro de los nervios que me provocas esté tranquila, y eso me gusta, lo que hace que me sienta mejor aún. Haces cosas a las que no estoy acostumbrada, y aunque intento corresponderte no siempre me sale... Pero eres paciente. Siempre me han reprochado lo fría que soy y el poco cariño que doy al principio, pero tú eso no lo haces, no me dices nada y cuando hago algo lo recibes bien, y si ves que no me sale a mí ya estás tú para hacerlo.
  No me canso de decirte lo impredecible que eres, y eso me gusta. Cada día descubro algo nuevo de ti y me sorprendes con cualquier cosa. Estoy segura de que nunca vas a dejar de hacerlo. Ayer lo volviste a hacer, con algo que te juro que no me esperaba para nada. Y me encantó. Aunque también me dio miedo. Contigo siempre tengo miedo, aunque no te lo diga. Me da miedo que vaya todo a más y luego se convierta en nada. Me da miedo sufrir. Aunque me tiraría de cabeza a la piscina por intentar estar bien contigo siempre, porque tú me haces estar bien. Y hacía mucho que no sonreía tanto con alguien como contigo. Y de nuevo, me encanta y me da miedo. Pero sonrío. Cuando estoy contigo no pienso en el miedo que me da todo, inconscientemente no me dejas.
  A veces sueño contigo. Y a veces, ese miedo se refleja. Otras no. Pero me levanto contenta.
  Puedo ser yo misma contigo, y tú lo disfrutas. Y verte bien conmigo, me hace estar bien a mí. Y sonrío otra vez mientras me miras y sonríes. Y me abrazas. Y ojalá ese abrazo dure más, pero no es el único. Disfruto cada momento a tu lado porque siempre es algo nuevo. Y me podría tirar horas y horas escribiéndote.
  El otro día me dijiste que me vas a llevar a un mirador, para ver todo Madrid. Pero yo creo que sólo voy a poder mirarte a ti. Y a tu sonrisa.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Perdonen si molesto pero es todo cuanto sé hacer.

  Admites que tienes un problema cuando las lágrimas brotan solas. Cuando sin motivo ni permiso empiezan a corretear por tu mejilla. Cuando ya no tienes ganas de nada. Cuando te das cuenta de que, si por ti fuese, te meterías en la cama y no volverías a salir. Cuando ya no te apetece salir, ni entrar, ni ir ni venir. Cuando un 90% de tus sonrisas son por compromiso.
  Admites que tienes un problema cuando tu cabeza ya no consigue estar en ningún sitio en concreto, tu mente divaga constantemente por un sin fin de pensamientos con o sin sentido. Cuando tu concentración ha disminuido tanto que no te deja ni mantener una conversación.
  Admites que tienes un problema cuando ya no quieres hablar con nadie. Nada ni nadie te llena. Cualquier tipo de conversación te parece absurda. Todo te enfada, hasta una mirada.
  Admites que tienes un problema cuando tus nervios han conseguido hacerte enfermar.


Yo no. Yo no voy a admitir que tengo un "problema".

viernes, 5 de febrero de 2016

Momentos de tranquilidad.

     Últimamente sueño mucho contigo. Supongo que esos sueños son el reflejo de mi necesidad por verte, por volverte a abrazar, volver a escucharte y saber que estás bien. Supongo que esos sueños son el reflejo de mi necesidad por decirte desesperadamente que te quiero, que te necesito, que te echo de menos. Supongo que esos sueños son el reflejo de mi necesidad de volver a estar contigo.
    En casi todos los sueños pasa lo mismo. En todos te abrazo, en todos te digo que te quiero, en todos me repites mil veces que estás bien, en todos lloro, en todos me dices que me quieres mientras yo desconsolada te digo que te necesito, que no puedo sin ti. Y tú siempre me sonríes, me devuelves el abrazo aún con más intensidad y me dices que todo irá bien. Y en ese momento yo estoy tranquila, porque estoy contigo. Aunque después cuando me despierto vuelvo a la realidad llorando sola como siempre, sin ti. Pero esos escasos minutos me sirven para coger fuerzas de nuevo, para tranquilizarme, aunque sé que sólo son eso, sueños, pero estoy tranquila. Esos minutos me sirven para volver a sonreír, por ti, gracias a ti.
    Soy consciente de que esos abrazos, esos "todo irá bien", esos "estoy bien", esos "te echo de menos", esos "te quiero", no voy a volver a tenerlos hasta que duerma (si es que lo consigo) la noche siguiente. Y el resto de las horas que pasan mientras yo estoy despierta tú no estás, y sé que no lo vas a volver a hacer. Y vuelvo a llorar y vuelvo a sentirme sola. Pero de nuevo vienen a mi mente esas imágenes que he tenido la noche anterior, y sonrío, me seco las lágrimas, me levanto y sigo con mi vida, pensando que puedo con todo.

 Pagaría por que esos momentos se repitiesen despierta, todos los días de mi vida.

martes, 2 de febrero de 2016

Y si te dicen que no puedes, ignóralos, eres más fuerte que todos esos mierdas.

   Llega un momento en el que todo te sobrepasa, ya todo te pesa y todo te desmotiva.
A veces, hay que sacar esas fuerzas que ni tu yo más interior sabe que tienes, para poder tirar con todo. Esas fuerzas que cuando tú dices "a la mierda, no puedo más", ellas dicen "échame más, que no me hundo". Esas fuerzas sólo salen en el peor de los momentos, cuando casi tocas el suelo con la frente. Y esas fuerzas en mí, por desgracia, han tenido que hacerse notar ahora. Cuando siento que no puedo con todo, que todo pesa, que todo pasa, que no puedo permitirme ni un fallo pero no dejo de cometerlos ante los ojos de los demás, cuando siento que todo se desmorona en mi interior y todos siguen con sus vidas cómodas (cabe recalcar que sus vidas tan cómodas dependen de mí y de mis esfuerzos), cuando no tengo tiempo para mí ni para mis pensamientos, cuando siento que mi única responsabilidad es complacer a todo el mundo (porque si no lo hago hay consecuencias), que tengo que hacer todo exactamente como los demás quieren, aunque eso suponga demasiados esfuerzos para mí, ellas salen y dicen algo como "¿que no está bien limpio? Espera, que limpio más", "¿que tengo que hacer que el día tenga una hora más para que me de tiempo a todo? Pues voy a hacer que tenga tres, así voy con calma", "¿Qué quieres Marian, explotar y liarla? No, aguanta, sobrepasa, demuestra y cállales la boca a todos." y un largo etc. que hace que siga adelante a pesar de todo.
La verdad es que no tengo muy claro de dónde salen esas fuerzas, pero tengo la extraña sensación de que algún día se terminarán... ¿Y entonces qué? ¿Qué va a pasar? No lo sé, y sinceramente no me gustaría averiguarlo... Pero intuyo que lo sabré dentro de muy poquito. De momento, esas fuerzas están aguantando idas y venidas constantes, están demostrándole a la gente que puedo con lo que me echen, que no me rindo, que soy más fuerte que nadie. Y me alegra que esas fuerzas estén ahí. Aunque pronto las echaré de menos. Y las cosas cambiarán. Y quizás no para bien.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Día 365 sin ti.

Nada ha cambiado. El tiempo no ha echo que las cosas sean más fáciles, simplemente rutinarias. Pero yo no me acostumbro a eso de llegar a casa y que no estés, a irme de casa y no darte un beso, a que ya no seas tú quien me regaña, a no tener tus abrazos, a no estar por las mañanas y por las noches contigo, a no reírme de tus chistes malos, a ya no tener tus historias al final de la noche, a no tener ni un simple WhatsApp tuyo aunque sea para decirme que compre pan, a que ya no seas tú quien me ayuda a elegir ropa, a que ya no me calmes cuando me pongo nerviosa, a que ya no me quites el mal humor mañanero, a ya no poder darte un abrazo porque sí, porque me apetece, a no contarte mis cosas, a no escuchar tu risa, a no discutir contigo porque la ropa que quieres ponerte sea para gente más joven incluso que yo, a no llamarte corriendo si apruebo un examen, a no contarte mis fiestas, a no enfadarme contigo y que tú te enfades conmigo por cualquier tontería, a no tener esos caprichos absurdos que me dabas y me hacían la niña más feliz del mundo, a no reírme contigo cada vez que me daba la tontería y tú me seguías el rollo hasta que se me pasaba y nos reíamos juntas, a que no me regañes por no seguir tus manías, a no tener tus "te lo dije" cada vez que me dabas un consejo y yo como siempre no te hacía caso aún sabiendo que siempre ibas a tener razón, a no poder decirte lo suaves que tienes las manos y quitarte medio bote de crema porque quiero tenerlas como tú, a no agobiarme cuando te daban esos ataques de cariño y me comías a besos, a no rayarme porque no me escuchas. No me acostumbro a no tener nuestras rutinas, ni a ya no tener nuestros códigos que sólo tú y yo entendíamos. No me acostumbro a que no seas tú quien me abre la puerta y me pregunta que qué tal estoy, que qué tal el día y que si la he liado por ahí. No me acostumbro a toda esa puta mierda que supone que no estés.