Me gustas más rota que cuando te arreglas.

Me gustas más rota que cuando te arreglas.

martes, 7 de noviembre de 2017

En la memoria nadie muere, pero no sabes cómo duele..

Tú siempre me decías que necesitaba llorar, que de alguna manera menos problemática tenía que desahogarme y que con quién mejor que con mi madre. Ahora ya no puedo llorar contigo (no como antes, al menos). Ahora lloro por ti. Lloro porque hace 3 años que te fuiste. Lloro porque ya no estás a mi lado. Daría todo lo que tengo porque estuvieses a mi lado. Cada día se me hace más cuesta arriba y yo ya no sé qué hacer. Me gustaría poder tenerte presente para poder contarte todo lo que me pasa por la cabeza, lo que me pasa día a día y lo que pienso. Te contaría que he conocido a un chico maravilloso y me moriría por presentártelo, porque estoy segura de que te iba a gustar. Te contaría las cosas que me pasan en clase. Te contaría las cosas nuevas que pasan a mi alrededor y todo lo que se preocupan por mí mis amigos (dentro de lo que yo les dejo, ya sabes..). Te contaría cada vez que discuto con mi hermano, las veces que me regaña Silvia, lo que hace Leticia por mí o las idas de cabeza de papá. Te contaría que no quiero seguir estudiando Farmacia, que lo odio (aunque quizás si siguieses viva me seguiría gustando). Te contaría los sueños que tengo y las ganas de hacerlos realidad. Podría contarte también mis pesadillas, después de abrir los ojos y ver que tú estás a mi lado para calmarme. Tengo tanto que contarte..

La gente dice que las pérdidas se superan y que te acostumbras a vivir con ellas, pero yo aún no tengo claro cómo se hace eso. A mí cada día me cuesta más asumir que  no estás y que no vas a volver. Cada día se me hace más pesado el llegar a casa y no verte, el conocer a alguien y no poder presentártelo, el acostarme sin tus abrazos y levantarme sin tus besos. Cada día entiendo menos las cosas. Probablemente cada día que pasa lo llevo todo un poco peor. Te juro que no sé cómo supera la gente estas cosas. Lo paso realmente mal cada vez que veo a alguien con su madre o que me hablan de ella y cuando me miran con pena al descubrir que yo no te tengo. 

Ya casi no me acuerdo de tu voz ni de tu olor y eso me duele en el alma. Todos los días pienso en ti y todos los días lloro tu ausencia. 

Te eché de menos, te echo de menos y te echaré de menos el resto de mis días. Te quiero mamá.

lunes, 9 de octubre de 2017

Por favor, no te conviertas en un recuerdo.

 Pensaba que estaba bien en ese sentido, que nunca necesitaría a un hombre a mi lado. Que no volvería a sufrir nunca porque nunca me enganchaba de nadie. También pensaba que nadie podría quererme jamás.
Pero de repente apareciste tú. Reconozco que al principio me negué rotundamente, pero vi tu sonrisa y algo dentro de mí cambió. Sólo necesité eso para querer conocerte. Tras tu sonrisa apareció tu mirada y no necesité nada más.
Sentí la necesidad imperiosa de tenerte cerca, de saber más de ti. Y me lancé a ello. Suerte la mía que accediste.
Haciendo caso omiso a mi no rotundo te hablé. Y volvimos a quedar. Y sólo te bastaba una mirada o un simple roce para ponerme nerviosa, y eso me asustó bastante, pero de nuevo hice caso omiso a eso y seguí a tu lado. Ese mismo día me besaste, y en ese mismo momento me di cuenta de que ya no quería que me besase nadie más.
No sé qué me está pasando, pero no puedo dejar de pensar en ti. No puedo dejar de pensar en tu sonrisa, en tus expresiones, en la forma que tienes de hablar. No puedo dejar de pensar en tus caricias y en lo que me dices y ojalá todo sea sincero. Tú no lo sabes, pero tus abrazos me reconstruyen por dentro, y eso no lo había hecho nadie antes. Yo pensaba que había sentido casi de todo con los chicos con los que he estado, pero estando contigo me he dado cuenta de que no es así, nadie me ha hecho sentir todo lo que tú me estás haciendo sentir. Cada vez que te tengo cerca algo dentro de mí se revuelve, y no siento nervios a tu lado.
Hace unos días alguien me dijo que no te hiciese daño.. No he podido dejar de pensar en eso. Lloré mucho sabiendo que podía hacerlo.. No quiero hacerlo. Quiero estar contigo todo el tiempo que podamos, quiero que me cuentes absolutamente todo sobre ti, compartir contigo tus alegrías y apoyarte y animarte cuando estés mal. Quiero que puedas confiar en mí para cualquier cosa. Quiero demostrarte que nada de lo que te digo es mentira. Quiero demostrarte todo lo que siento. Aunque sinceramente no tengo ni idea de cómo hacerlo. Quiero que podamos perder el miedo juntos, que dentro de un tiempo nos riamos de la frase "lo que pronto empieza pronto acaba". Quiero confiar en ti ciegamente. Quiero que me des el poder para destruirte porque sabes que no lo haré, y quiero darte yo el poder para destruirme a mí también. Quiero que sepas todo lo que vivo y lo que he vivido.. Y que todo lo que me queda por vivir sea a tu lado. Quiero descubrir cosas contigo, aprender a tu lado y que tú aprendas al mío. No quiero que tus caricias se terminen nuca, que siempre me abraces y me beses, que siempre tengas ganas de verme, y que me lo digas. Quiero que pienses en mí como pienso yo en ti. No quiero que te canses de mí. No quiero que cuando conozcas mis defectos te alejes. No quiero levantarme y no tener un mensaje tuyo. Quiero sacarte sonrisas todos los días. Quiero hacerte feliz.
Soy totalmente consciente de que estar conmigo no es tarea fácil, y no puedo prometerte que todo a mi lado sea color de rosas, pero sí puedo prometerte que aunque las cosas no vayan del todo bien voy a seguir intentándolo, porque no quiero que te vayas de mi lado.

domingo, 1 de octubre de 2017

  Hay quien dice que con el tiempo te acostumbras a la pérdida. No es cierto.

Cada día que pasa se me hace más cuesta arriba el estar sin ti. Me mata el no poder contarte mis cosas, pero sobretodo me mata el no poder verte. No consigo acostumbrarme a vivir sin que tú estés. Aunque creo que tampoco quiero hacerlo... no quiero olvidarte. Creo que no era tu momento, pero quizás era necesario para ti.. Me alegra pensar que tu sufrimiento ya terminó, pero el mío no hizo nada más que empezar. No comprendo cómo las personas pueden vivir bien con esto, te juro que soy incapaz. Estoy cansada de tanto llorar, pero no puedo hacer otra cosa, no puedo evitarlo. Me gusta pensar que estás conmigo y me guías desde donde sea que estés, pero pagaría porque me guiases desde aquí. Por un último beso, un último abrazo.. Y no puedo consolarme de ninguna manera. Te echo de menos.

lunes, 3 de abril de 2017

A estas alturas...

   Que sí, que estoy loca. Que sí, que soy una rancia. Que no, no sé decir las cosas de otra manera. Y pierdo rápido los nervios. Y me desquicio yo sola. Y los nervios me traicionan. Y me pongo seria y luego me río, y me vuelvo a poner seria otra vez. Soy así. Y quien quiera acercarse a mí tiene que aceptarlo. A veces ni yo misma me entiendo.
   Lo único de lo que estoy segura es de lo que quiero. Tengo las cosas muy claras. Y a estas alturas, no estoy para perder el tiempo. Ni con nadie ni por nadie. Veo en vosotros problemas absurdos. Os ahogáis en un vaso de agua. A veces me gustaría que estuvieseis en mi cabeza un rato para ver lo que se siente. Para ver las soluciones a vuestras tonterías. No quiero que me contéis cosas sin sentido y estúpidas. Que ya tenemos mucha calle. Que no es para tanto. Entiendo que para cada persona su problema es el más grande del mundo, pero una cosa es tener un problema y otra hacer un problema de algo que no lo es. A ver si aprendemos. A ver si nos aclaramos. Que ya es hora de amueblar un poco la cabeza.
   Que sí, que a veces soy demasiado directa. Hay gente que me llama borde y gente que dice que soy tajante. Que me da lo mismo. Dime lo que quieras. Cuando me importe, te aviso.

domingo, 19 de marzo de 2017

Yo creo que no hay nada más bonito que dos personas descubriéndose poco a poco.

   El otro día me estuve planteando cuán importante tiene que ser una persona para mí para escribirle. O qué siento por esa persona... Pensaba que lo tenía claro, pero ya no tanto. Llegué a la conclusión de que debo escribir a o sobre cualquiera que me inspire. Para bien, para mal. Sienta mucho o no sienta nada. Así que allá voy:

  Probablemente nunca leas esto, aunque tampoco pretendo que lo hagas. Llevo días dándome cuenta de cómo gracias a ti (y a tu sonrisa) mi inspiración ha vuelto. Siempre ando pensando en qué te escribiría en ese momento.
  El otro día me hablaste de vicios. Yo sólo podía mirarte. Es lo único que hago a derechas estando contigo: mirarte y sonreír. Tú estuviste argumentando sobre esto y lo otro (lo siento, no me acuerdo) y yo seguía mirándote. Y sonriendo.
 Me preguntas que qué me da miedo y yo te respondo todos los miedos de los que me acuerdo en ese momento. Pero me callo uno. Tú mismo me has dicho que lo peor que puedo hacer es decirte mis miedos. Precisamente por eso no te he dicho todos. Me cuentas historias y me enseñas cosas. Yo de nuevo sólo puedo mirarte y sonreír. Cada vez que tú sonríes (que es casi siempre), mi sonrisa es mucho más grande, no sé cómo lo haces. Cuando menos me lo espero me abrazas y me das un beso en el cuello y otro en la mejilla, me miras y sonríes. Yo ahí no sonrío. Me asusta. Pero te acercas despacio y no puedo evitar besarte, y cuando nos separamos ahí sí sonrío. Aunque cuando me vuelves a abrazar se me vuelve a quitar la sonrisa. Me das la mano y yo jugueteo con tus dedos y tu reloj mientras hablamos de cualquier tontería, y me siento bien. Haces que dentro de los nervios que me provocas esté tranquila, y eso me gusta, lo que hace que me sienta mejor aún. Haces cosas a las que no estoy acostumbrada, y aunque intento corresponderte no siempre me sale... Pero eres paciente. Siempre me han reprochado lo fría que soy y el poco cariño que doy al principio, pero tú eso no lo haces, no me dices nada y cuando hago algo lo recibes bien, y si ves que no me sale a mí ya estás tú para hacerlo.
  No me canso de decirte lo impredecible que eres, y eso me gusta. Cada día descubro algo nuevo de ti y me sorprendes con cualquier cosa. Estoy segura de que nunca vas a dejar de hacerlo. Ayer lo volviste a hacer, con algo que te juro que no me esperaba para nada. Y me encantó. Aunque también me dio miedo. Contigo siempre tengo miedo, aunque no te lo diga. Me da miedo que vaya todo a más y luego se convierta en nada. Me da miedo sufrir. Aunque me tiraría de cabeza a la piscina por intentar estar bien contigo siempre, porque tú me haces estar bien. Y hacía mucho que no sonreía tanto con alguien como contigo. Y de nuevo, me encanta y me da miedo. Pero sonrío. Cuando estoy contigo no pienso en el miedo que me da todo, inconscientemente no me dejas.
  A veces sueño contigo. Y a veces, ese miedo se refleja. Otras no. Pero me levanto contenta.
  Puedo ser yo misma contigo, y tú lo disfrutas. Y verte bien conmigo, me hace estar bien a mí. Y sonrío otra vez mientras me miras y sonríes. Y me abrazas. Y ojalá ese abrazo dure más, pero no es el único. Disfruto cada momento a tu lado porque siempre es algo nuevo. Y me podría tirar horas y horas escribiéndote.
  El otro día me dijiste que me vas a llevar a un mirador, para ver todo Madrid. Pero yo creo que sólo voy a poder mirarte a ti. Y a tu sonrisa.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Perdonen si molesto pero es todo cuanto sé hacer.

  Admites que tienes un problema cuando las lágrimas brotan solas. Cuando sin motivo ni permiso empiezan a corretear por tu mejilla. Cuando ya no tienes ganas de nada. Cuando te das cuenta de que, si por ti fuese, te meterías en la cama y no volverías a salir. Cuando ya no te apetece salir, ni entrar, ni ir ni venir. Cuando un 90% de tus sonrisas son por compromiso.
  Admites que tienes un problema cuando tu cabeza ya no consigue estar en ningún sitio en concreto, tu mente divaga constantemente por un sin fin de pensamientos con o sin sentido. Cuando tu concentración ha disminuido tanto que no te deja ni mantener una conversación.
  Admites que tienes un problema cuando ya no quieres hablar con nadie. Nada ni nadie te llena. Cualquier tipo de conversación te parece absurda. Todo te enfada, hasta una mirada.
  Admites que tienes un problema cuando tus nervios han conseguido hacerte enfermar.


Yo no. Yo no voy a admitir que tengo un "problema".